CAPITULO XIII
PARAÍSOS E INFIERNOS
"¡Oh, bienaventurado MIXCOATL, bien mereces ser
loado en cantares, y bien mereces que tu fama viva en el mundo, y que los que
bailan en los areitos te traigan en la boca, en rededor de los arrabales y
tamboriles de Huexotzinco para que regocijes y aparezcas a tus amigos los
nobles y generosos, tus parientes!"
"¡Oh, glorioso mancebo!, digno de todo loor, que
ofreciste tu corazón al sol, limpio como un sartal de zafiros, otra vez
tornarás a brotar, otra vez tornarás a florecer en el mundo, vendrás a los
areitos, y entre los tambores y tamboriles de Huexotzinco, aparecerás a los
nobles y varones valerosos, y te verán tus amigos."
(Sahagún, 11, 140)
"Cuantos morían en la guerra, o en el altar
del sacrificio, iban a la casa del sol. Todos andaban unidos en una inmensa
llanura. Cuando el sol va a aparecer, cuando es tiempo de que salga, empiezan
ellos, entonces, a lanzar gritos de guerra, hacen resonar los cascabeles que
llevan en los tobillos y a golpear sus escudos."
"Si su escudo está perforado por dos o por tres
flechas, por aquellas hendeduras pueden contemplar el sol; pero aquellos cuyo
escudo no tiene abertura alguna no pueden mirar al sol."
"Cuantos cayeron muertos entre magueyes y cactus,
entre espinosas acacias, y cuantos han ofrecido sacrificios a los Dioses,
pueden contemplar al sol, pueden llegar hasta él."
"Cuando han pasado cuatro años se mudan en bellas
aves: colibríes, pájaros moscas, aves doradas con huecos negros alrededor de
los ojos; o en mariposas blancas relucientes, en mariposas de fino pelambre, en
mariposas grandes y multicolores, como los vasos de beber, y andan libando allá
en el lugar de su reposo, y suelen venir a la tierra y liban en rojas flores
que asemejan sangre: la eritrina, la paisentía, la carolínea, la caliandra."
(Épica Náhuatl).
"Dijeron los viejos que el sol los llama para sí,
y para que vivan con él allá en el cielo, para que le regocijen y canten en su
presencia y le hagan placer."
"Estos están en continuos placeres con el sol,
viven en continuos deleites, gustan y chupan el olor zumo de todas las flores
sabrosas y olorosas, jamás sienten tristeza ni dolor, ni disgusto, porque viven
en la casa del sol, donde hay riquezas de deleites."
"Y éstos de esta manera que mueren en las
guerras, son muy honrados acá en el mundo, y esta manera de muerte es deseada
de muchos."
"Muchos tienen envidia a los que así mueren, y
por esto todos desean esta muerte, porque los que así mueren son muy
alabados."
(Sahagún, 11, 140).
Enigmáticos poemas solares..., verdades trascendentales
que la Antropología profana desconoce.
Mucho se ha hablado sobre Makara el
"escamoso", el famoso Dragón volador de Medea.
En el Museo Británico puede verse todavía un ejemplar
de Dragón halado, y con escamas.
El gran Dragón sólo respeta y venera a las Serpientes
de Sabiduría. Es lamentable que los asiriólogos ignoren en verdad la condición
del Dragón en la antigua Caldea.
El signo maravilloso del Dragón tiene, ciertamente,
siete significados esotéricos.
No está de más afirmar en forma enfática que el más
elevado es idéntico al "Nacido por sí", el Logos, el Aja hindú.
En su sentido más infernal es el Diablo, aquella
excelente criatura que antes se llamara Lucifer, el Hacedor de luz, el Lucero
de la mañana, el "latón" de los viejos alquimistas medievales.
Entre los gnósticos cristianos llamados Naasenios o
adoradores de la Serpiente, era el Dragón el Hijo del Hombre. Sus siete
estrellas lucen gloriosas en la diestra del Alfa y Omega del Apocalipsis de San
Juan.
Es lamentable que el Prometeo-Lucifer de los antiguos
tiempos se haya transformado en el Diablo de Milton...
Satanás volverá a ser el Titán libre de antaño cuando
hayamos eliminado de nuestra naturaleza íntima a todo elemento animal.
Necesitamos con urgencia máxima, inaplazable,
blanquear al Diablo, y esto sólo es posible peleando contra nosotros mismos,
disolviendo todo ese conjunto de agregados psíquicos que constituyen el Yo, el
mí mismo, el sí mismo.
Sólo muriendo en sí mismos podremos blanquear al latón
y contemplar al Sol de la Media Noche, al Padre.
Cuantos mueren en la guerra contra sí mismos, quienes
logran la aniquilación del mí mismo, lucen esplendorosos en el espacio
infinito, penetran en los distintos departamentos del Reino (entran en la Casa
del Sol).
La alegoría de la guerra en los cielos tiene su origen
en los templos de la iniciación y en las criptas arcaicas.
Pelean Miguel contra el Dragón rojo y San Jorge contra
el Dragón negro; se traban siempre en lucha Apolo y Pitón, Krishna y Kaliya,
Osiris y Tiphón, Bel y el Dragón, etc., etc., etc.
El Dragón es siempre la reflexión de nuestro propio
Dios Intimo, la sombra del divino Logos que desde el fondo del Arca de la
Ciencia, en acecho místico, aguarda el instante de ser realizado.
Pelear contra el Dragón significa vencer a las
tentaciones y eliminar a todos y cada uno de los elementos inhumanos que
llevamos dentro: Ira, codicia, lujuria, envidia, orgullo, pereza, gula, etc.,
etc., etc.
Quienes mueren en el Altar del Sacrificio, es decir,
del "sacro-oficio", en la Novena Esfera, van a la Casa del Sol, se
integran con su Dios.
En la tierra sagrada de los Vedas, Aryuna tiembla y se
estremece en pleno campo de batalla al comprender que debe matar a sus propios
parientes (sus múltiples yoes o defectos psicológicos del ejército enemigo).
Para los mexicanos auténticos, lo que determina el
lugar al que va el Alma después de la muerte es el género específico de la
misma y el tipo de labores que en vida tuviera tal difunto.
Aún los guerreros enemigos que han muerto en la dura
brega o que, capturados como prisioneros fueron sacrificados en el Tezcatl, la
piedra de los sacrificios, ingresan al sublime Reino de la luz dorada (el
Paraíso Solar). Estos tienen un Dios especial, quiero referirme a Teoyaomiqui,
la "Deidad de los enemigos muertos".
El aspecto esotérico de este tema de la religión
popular es trascendental.
Entender esto es impostergable. "Los cristianos
también deberían venerar a los santos de otros credos, religiones y
lenguas."
Las mujeres muertas en parto, que dichosas moran en el
paraíso occidental sabiamente denominado "CINCALCO, la "casa del
maíz", son también muy veneradas.
Indubitablemente, antes de transformarse en diosas,
las féminas muertas en parto gozan de extraordinarios poderes mágicos, según
afirma la Religión de Anahuac.
Dícese de la mujer que ha muerto de parto, que ha
vencido al enemigo. Los jóvenes guerreros codician su brazo derecho y tratan de
apoderarse de él porque éste los hará invencibles en el combate, motivo por el
cual tales cadáveres fueron siempre debidamente vigilados por hombres del clan,
armados de punta en blanco a fin de evitar la mutilación.
Resulta interesante que tales mujeres, antes de
convertirse en diosas, bajen a la tierra convertidas en fantasmas terroríficos
y de mal agüero, llevando por cabeza una calavera y con manos y pies provistos
de garras, según dicen los misterios de Anahuac.
Estados post-mortem extraordinarios los de aquellas
nobles mujeres que mueren en el parto.
A aquél desmayo de tres días mencionado por el Bardo
Thodol, y que siempre se sucede después de la defunción del cuerpo físico,
reviven aquellas difuntas la vida que acaba de pasar y entonces parecen
fantasmas sufrientes y de horripilante apariencia.
Empero, concluidas las experiencias retrospectivas de
la existencia finalizada, la "esencia", en ausencia del Yo, se eleva
de esfera en esfera hasta sumergirse en la dicha solar.
Mucho más tarde en el tiempo, concluido el buen
Dharma, esas almas han de regresar inevitablemente a una nueva matriz.
Los sabios sacerdotes de Anahuac afirmaron siempre en
forma enfática que las "Cihuateteo" o "mujeres diosas"
muertas en parto, viven en el paraíso occidental llamado "CINCALCO, la
"casa del maíz".
Del germen, del grano, nace la vida, y ellas dieron su
vida, precisamente, por la naciente criatura.
La Madre Natura sabe pagar siempre de la mejor manera
el sacrificio solemne de esas benditas mujeres.
Es indescriptible la dicha de esas almas en los cielos
de la Luna, Mercurio, Venus y el Sol...
Desgraciadamente toda recompensa se agota, y al fin,
aquellas almas vuelven al interior del Yo con el propósito de penetrar en una
nueva matriz.
Los que mueren ahogados entre las aguas tormentosas de
los ríos o de los mares, o entre las ondas de los profundos lagos, o por el
rayo, ingresan dichosos al Paraíso de Tláloc que queda al Sur, la región de la
fertilidad y de la abundancia donde existen árboles frutales de toda clase y
abunda el maíz, el fríjol, la chía y muchísimos otros mantenimientos.
Las espléndidas pinturas halladas en el Templo de
Teotihuacan vienen a demostrarnos la firme creencia en el Tlalocan, el famoso
Paraíso de Tláloc.
En las dimensiones superiores de la naturaleza existen
muchos paraísos de felicidad; no está de más recordar el Reino del Budha
Amitabha ubicado por los lamas tibetanos en el Oeste.
En el Bardo Thodol se citan varios de esos Edenes:
"El Reino de la Suprema Dicha", "El Reino de la Densa
Concentración", "El Reino de los largos Cabellos", Vajra-Pani o
el Vihara Ilimitado de la Radiación del Loto, Padma-sambhava en la presencia de
Urgyan, etc., etc., etc.
La doctrina secreta de Anahuac enseña que existe trece
cielos, y afirma solemnemente que en el más alto de éstos viven las almas de
los niños que fallecen antes de tener uso de razón.
Dice la doctrina del México antiguo que esas almas
inocentes esperan a que se destruya la presente humanidad en el gran cataclismo
que se avecina para reencarnar en la nueva humanidad. En el Tibet milenario, el
Bardo Thodol guía a los difuntos que desean liberarse para no regresar a las
amarguras de este mundo.
En la tierra sagrada de los faraones muchas almas
lograron escaparse de esta cloaca del Samsara después de haber trabajado en la
disolución del Ego.
Terribles pruebas aguardan a los difuntos que no
desean retornar a este mundo; cuando salen victoriosos ingresan a los ya
citados reinos suprasensibles. En esas regiones son instruidos y auxiliados
antes de sumergirse dichosos como niños inocentes en el Gran Océano.
Muchas de esas almas volverán en la Edad de Oro,
después del gran cataclismo, para trabajar en su autorrealización íntima.
Incuestionablemente, resulta inteligente saberse
retirar a tiempo, antes de que concluya el "ciclo de existencias".
Es preferible retirarse de la "escuela de la
vida" antes que ser expulsado; la involución sumergida dentro de las
entrañas de la Tierra, en el tenebroso Tartarus, ciertamente es muy dolorosa.
En el país asoleado de Kem, en la época del faraón
Kefren, conocí personalmente cierto caso ejemplar.
Se trata de un ciudadano muy religioso que jamás
fabricó los "cuerpos existenciales superiores del Ser".
Aquel místico, muy serio en sí mismo, creyéndose
incapaz para las ordalías de la Iniciación, y sabiendo el destino que aguarda a
las almas después de cada ciclo o período de existencias, prefirió retirarse
del escenario cósmico.
Aquel devoto jamás conoció el misterio indecible del
Gran Arcano, pero tenía al Yo y sabía que lo tenía y deseaba desintegrarlo para
no retornar después de la muerte a este valle de lágrimas.
Es ostensible que su Divina Madre Kundalini,
Tonantzín, Isis, siempre le asistió en el trabajo de disolución de esos
elementos que constituyen el "mí mismo".
Jamás afirmaría que aquel religioso lograra entonces
la eliminación total de los elementos inhumanos, empero, avanzó mucho en su
trabajo, y después de la muerte del cuerpo físico, continuó en el más allá con
el propósito inquebrantable de no volver a este mundo.
Posteriormente, después del consabido desmayo de los
tres días, esa alma hubo de revivir en forma retrospectiva la existencia
finalizada.
Concluido el trabajo retrospectivo, informado el
difunto sobre el resultado de todas sus acciones, tanto buenas como malas, éste
continuó firme en el propósito de no retornar más.
El aullido terrorífico del Lobo de la Ley que tanto
espanta a los difuntos, el huracán espantoso de la Justicia objetiva, las
siniestras tempestades del país de los muertos, las innumerables parejas que
copulan incesantemente, las atracciones y repulsiones, simpáticas y antipatías,
los errores cavernarios, etc., nunca lograron hacer desistir a aquella alma de
su firme propósito.
La voz solemne de los sacerdotes egipcios, que en vida
le habían prometido ayuda, llegaba hasta el difunto recordándole su propósito.
KEH, su Padre que está en secreto, y NUT, su Divina
Madre Isis, sometieron al hijo -el difunto- a la prueba final, empero, el
desencarnado salió victorioso.
Como secuencia de todos estos triunfos íntimos, aquel
difunto ingresó dichoso en un paraíso molecular muy similar al de Tláloc.
En tal región de indiscutibles delicias naturales,
aquella criatura continuó con pleno éxito el trabajo sobre sí misma.
Devi Kundalini, Tonantzín, Isis-María, su Divina Madre
particular, le auxilió en forma directa eliminando de su psiquis a los residuos
inhumanos que aún quedaban.
Conforme el difunto iba reconquistando la inocencia, a
medida que moría más y más en sí mismo, pasaba también por distintas
metamorfosis. En principio asumió la figura inefable de una tierna doncella, y
por último, la de una niña de tres años, entonces, como un simple "Budha
elemental" se sumergió entre el océano del Espíritu Universal de Vida, más
allá del bien y del mal.
Obviamente, aquella criatura fue sincera consigo
misma, no sintiéndose capaz para alcanzar el adeptado, prefirió separarse del
escenario del mundo, retornar al punto de partida original, continuar como
simple elemental.
Esas almas pueden reencarnarse, si así lo quieren en
la futura Edad de Oro, después del gran cataclismo que se avecina, para
ingresar a los misterios, empero, la mayoría de esas inocentes criaturas
prefiere quedarse para siempre en ese lado elemental.
Cuando los iniciados del viejo Egipto dábamos estas
enseñanzas al pueblo, nos sentábamos en grupos de a cuatro ante pequeñas mesas
cuadradas; con esto alegorizábamos a los cuatro estados fundamentales por los
cuales debe pasar toda alma que desee retirarse de la rueda del Samsara.
Consumada la eliminación de los residuos inhumanos en
la psiquis del difunto, éste tendrá que experimentar en sí mismo el "vacío
iluminador"; esto es el Darmakaya.
Este vacío no es de la naturaleza del vacío de la
nada, sino un vacío inteligente, es el estado del espíritu en el Sambogakaya.
Vacío y claridad inseparables. Vacío claro por
naturaleza y claridad por naturaleza vacía es el ADI-KAYA, la Inteligencia
iluminada.
La iluminada Inteligencia, brillando sin obstáculos en
el difunto que ha logrado morir completamente en sí mismo, irradiará por todas
partes: es el Nirmanakaya.
Tan sólo por la experiencia directa en los cuatro
kayas es posible obtener la liberación total.
Muy diferente es la suerte que aguarda a las almas que
concluyen cualquier período de manifestación sin haberse liberado.
Quienes no han sido elegidos por el Sol, o por Tláloc,
-dicen los aztecas-, van simplemente al Mictlan y ahí esas almas padecen
espantosas pruebas mágicas al pasar por los infiernos
En primer lugar, para llegar al Mictlan han de pasar
por el cenagoso río, el Aqueronte o CHICNAHUAPAN, en la barca de Carón, como
dice el Dante en su Divina Comedia. Incuestionablemente, ésa es la primera
prueba a la que se someten los "dioses infernales".
"¡Ay de vosotras, almas perversas!, no esperéis
nunca ver el cielo. Vengo para conduciros a la otra orilla, donde reinan
eternas tinieblas, en medio del calor y del frío..."
Continúan los sabios mexicanos diciendo que después el
alma tiene que pasar entre dos montañas que se juntan; en tercer lugar, por una
montaña de obsidiana; en cuarto lugar, por la región en donde aúlla tremendo un
viento muy helado; después, por donde flotan las banderas; el sexto lugar en
que se flecha; en el séptimo círculo dantesco están las fieras que comen los
corazones; en el octavo, dicen está el paso estrecho entre lugares y piedras; y
en el noveno y último círculo del Dante, dentro del interior de la Tierra,
existe el CHICNAHUMICTLAN, donde se pasa por la "muerte segunda" tan
sabiamente descrita por el Apocalipsis de San Juan.