CAPITULO IV
EL DOCTOR FAUSTO
El verdadero LUCIFER de la doctrina arcaica es, por
antítesis, edificante y esencialmente dignificante, todo lo contrario de lo que
los teólogos, cual Des Mousseaux y el marqués de Mirville suponen, pues es
ciertamente la alegoría de la rectitud, el símbolo extraordinario y maravilloso
del más alto sacrificio (el CHRISTUS-LUCIFER de los gnósticos) y el Dios de
Sabiduría bajo infinitos nombres.
XOLOTL-LUCIFER-PROMETEO es uno con el Logos platónico,
el Ministro del Demiurgo Creador y Señor resplandeciente de las siete mansiones
del Hades, del Shabbath y del mundo manifestado, a quien están encomendadas la
Espada y la Balanza de la Justicia Cósmica, puesto que él es, indubitablemente,
la norma del peso, de la medida y del número. El Horus, el Brahma, el Ahura
Mazda, etc., siempre Inefable.
LUCIFER-XOLOTL, el Doble de Quetzalcoatl, es el
Guardián de la Puerta y de las llaves del Lumisial para que no penetren en él
sino los ungidos que poseen el secreto de Hermes.
Quienes maldicen temerariamente al Lucifer Náhuatl,
se pronuncian contra la cósmica reflexión del Logos, anatematizan al Dios vivo
manifestado en la materia y reniegan de la siempre incomprensible Sabiduría que
se revela por igual en los contrarios de luz y tinieblas.
La gloria de Satán es la sombra de Adonai y el trono
de Satán es el escabel del Señor.
Semblanza, parecido, similitud; sol y sombra; día y
noche; Ley de los contrarios.
Dos son los ejércitos del LOGOS O DEMIURGO Arquitecto
del Universo: En los ámbitos sublimes, las aguerridas huestes de Miguel, y en
el abismo del mundo manifestado, las legiones de Satán.
Ostensiblemente, éstos son: El Inmanifestado y el
Manifestado, el virginal y el caído en la generación animal.
Incuestionablemente, sólo sobre SATÁN, jamás sobre el
LOGOS, recae la vergüenza de la generación; aquél perdió su elevado estado
virginal de KUMARA cuando comió del fruto prohibido.
Con la resurrección esotérica, el Lucifer Náhuatl
reconquista el estado virginal de Kumara.
La piedra angular de la Gran Obra es Lucifer-Náhuatl.
Sobre esta piedra maestra, ubicada por los sabios en el fondo mismo de nuestro
sistema sexual, el gran Kabir Jesús edificó su Iglesia.
La piedra bruta, antes de ser tallada para la Gran
Obra, es ciertamente impura, material y grosera; motivo intrínseco por el cual
recibe el nombre de Diablo.
Reiterar suele ser a veces indispensable. Se hace
impostergable comprender integralmente que cada uno de nosotros tiene su
Xolotl-Lucifer particular, reflexión completa de su Logos específico.
Lucifer-Xolotl, con la figura azteca del luciférico
perro, terror de muchas gentes, suele entrar en el espacio tridimensional de
Euclides para hacerse visible y tangible en el mundo físico.
El Conde Gaspar Moir de Loca, ínclito señor de los
tiempos idos, cuenta como se comportaba Prestigiar, el extraño perro del Doctor
Fausto.
Negro can de largos pelos y penetrante mirada;
indubitablemente era muy inteligente.
Una noche cualquiera, cuando el perro quería acostarse
en el centro reluciente de la suntuosa mansión, en presencia del Conde, Fausto,
dirigiéndose a Prestigiar, le dijo cierta palabra cuya honda significación no
comprendió aquel perínclito varón, y el citado animal, con el rabo entre las
piernas, salió de la recámara.
Extraño comportamiento de un can que al Conde,
francamente, no le pareció muy natural.
El Doctor Fausto, sonriendo, preguntó a su amigo qué
le había parecido su perro; éste, respondiendo claramente y sin ambages, dijo
que gustosamente volvería a verlo.
Llamado por su amo, aquel can de las Mil y Una Noches,
brincó dentro del recinto y saltó luego sobre un rústico banco.
Los ojos de aquella criatura parecían ascuas de fuego
ardiente; tenía ahora un aspecto terrorífico.
Cuando el Doctor Fausto acarició su lomo, el pelo de
tan misterioso can cambió de color; tornóse blanco, después amarillo y por
último rojo.
El Conde, hombre muy prudente, prefirió guardar un
respetuoso silencio; posteriormente resolvió hablar de cualquier otra cosa.
En consecuencia, el perro participa de la magia.
Generoso animal que en los tiempos antiguos fue
siempre consagrado al Dios Mercurio.
Resulta patente el alto honor que los viejos
Hierofantes del antiguo Egipto concedían al perro.
El austero Guardián del Templo de Esculapio, en la
Roma augusta de los Césares, era siempre un perro.
Hablando francamente y sin ambages, debo afirmar en
forma enfática que resulta paradójica la crucifixión del perro.
Bien saben los Divinos y los humanos que cada año una
de estas preciosas criaturas era crucificada... Castigo implacable para los
perros por el delito de no haber advertido a los romanos la llegada de los
galos.
Los perros sagrados del Templo de Vulcano, en el Etna,
eran siempre cuidados religiosamente.
No olvidemos jamás que Cerbero, el perro guardián de
los infiernos, acariciaba a los que entraban y devoraba despiadadamente a los
que intentaban salir.
Antro espantoso donde aúlla Cerbero, prodigio de
terror que con sus ladridos, sus tres enormes cabezas chatas y su cuello
rodeado de serpientes, llena de espanto a todos los difuntos.
Dice la leyenda de los siglos que Cerbero fue
adormecido por la Lira de Orfeo cuando éste descendió al Tartarus para buscar a
Eurídice.
Indubitablemente, la Sibila también adormeció a Xolotl-Lucifer-Cerbero
con una pasta de miel y de adormidera.
Es conocida la intervención extraordinaria de Cerbero
en toda Liturgia de tipo funerario.
En las sepulturas reales de los antiguos tiempos se
ponía la figura de un perro bajo los fríos pies del muerto; símbolo infernal
profundamente significativo.
No olvidemos jamás al Lebrel, can grande de Della
Scala, Señor de Verona y bienhechor del Dante.
Este no se alimenta de tierra ni de peltre, sino de
Sabiduría, de Amor y de Virtud.
Muchos otros animales participan de la Alta Magia: El
cuervo, símbolo de corrupción y muerte de todos los elementos inhumanos que
llevamos dentro; la blanca paloma que alegoriza a la pureza y a la castidad
como así también al Tercer Logos; el águila amarilla que advierte al alquimista
la proximidad del triunfo; el faisán rojo, que junto con la púrpura de los
Reyes, anuncia al sabio la consumación total de la Gran Obra.
El enigmático y poderoso Doctor Fausto, venerabilísimo
y Xorable Maestro, ínclito tahar, vivía agradable y confortablemente como
persona muy acomodada. Concedía a los animales un papel oculto y gustaba
rodearse de ellos porque los asociaba a sus prodigios.
Por aquellos tiempos -1528- de rancia nobleza, de
variados títulos notabilísimos y sangre azul, Fausto, en la Corte de Praga
realizaba extraordinarios prodigios.
Telendo, cierto gentil hombre que moraba dichoso en
una resplandeciente mansión, en buena hora llamada "El Ancora", en la
calle del Castillo, en Erfurt (lugar donde frecuentemente se hospedaba el
Doctor Juan Fausto, encantador y mago), celebró una gran fiesta.
Mas sucedió que los señores del convite, ante la
dorada mesa, reclamaron a Fausto a grito pelado. El anfitrión de la regia
morada les declaró que Fausto, el hombre de la maravillosa ciencia, estaba en
Praga.
Empero, alegres del vino, no por eso el estrepitoso
capul dejaba de llamar a Fausto con insólita vehemencia, suplicándole que
acudiera al festín.
En aquellos instantes alguien golpea en la puerta del
espléndido alcázar. El doméstico vio a través del lucernario del primer piso
que Fausto estaba al lado de su caballo, ante la puerta, como si acabara de
apearse, y hacía signo de que le abrieran.
El fámulo corrió a avisar al amo, que se rió
estrepitosamente declarando que eso era imposible puesto que el Doctor Fausto
estaba en Praga.
Repite Fausto su llamado ante el umbral de la rica
mansión. El Señor de la morada miró a su vez: ¡Era él! Con ese imperativo
categórico que caracterizaba a los Señores feudales, ordenó abrir y brindarle
magnífico recibimiento.
El Doctor Juan Fausto ocupó su lugar en la mesa del
festín ante el asombro general de los convidados.
El espléndido Señor de aquella morada, maravillado en
gran manera, ciertamente no pudo resistirse al deseo de preguntar a Fausto cómo
había podido venir tan rápido desde Praga.
"-Se lo debo a mi caballo, respondió. Como los
señores, vuestros huéspedes, deseaban verme tan vivamente y me llamaban, he
querido rendirme a sus deseos y aparecer en medio de ellos, aunque no pueda
quedarme mucho tiempo porque es preciso que mañana al amanecer esté en
Praga."
El regio banquete fue muy alegre, el Doctor ejecutó
con gran éxito sus habituales prodigios y hasta hubo derroche de vino y
sortilegios...
No está de más recordar en estas cuartillas el coro de
las alegres liras, las copas labradas, el vino negro, los hirvientes vasos
cuyos bordes brillaban cual collar de prismas...
El vino negro que a la sangre enciende y pone al
corazón alegre, fruto fermentado de la vid que tanto inspira a los bardos
melenudos...
En medio del bullicio y de la fiesta, clamó con gran
voz Juan Fausto, proponiendo que se gustaran también los vinos extranjeros.
Y dicen los que lo vieron, que de entre un exótico
recipiente improvisado manaron entonces caldos de distintas cosechas, milagro
Faustino muy similar al de las Bodas de Canaán en Galilea.
Mas de pronto,
en forma inusitada, el hijo del anfitrión penetró en la estancia con el rostro
visiblemente contrariado: "-¡Señor
Doctor! -dijo-, su caballo está comiendo a rabiar...
“Preferiría dar de comer, pienso, a diez o veinte
caballos que sólo al suyo. Ya me ha devorado más de dos celemines de avena que
tenía preparados, pero sigue esperando frente al pesebre y mira a su alrededor
a ver si viene otro.”
Los convidados rieron todos, no con la sonrisa sutil
de Sócrates sino con la carcajada estruendosa de Aristófanes.
El joven, inmutable, prosiguió diciendo: "-Quiero
mantener mi palabra y lo hartaré aunque para ello arriesgue varias medidas de
avena."
Fausto respondió que era inútil, que su caballo había
comido bastante, pero que se tragaría toda la avena de la tierra sin sentirse
harto.
Incuestionablemente, aquel brioso corcel era, fuera de
toda duda, el mismo Lucifer Náhuatl, el extraordinario Mefistófeles
metamorfoseado en bestia halada.
Mefistófeles-Xolotl-Lucifer, convertido a veces por
obra de magia en caballo volador, cual el Pegaso de los poetas coronados,
transportaba a Fausto rápidamente por entre la cuarta dimensión cuando era
necesario.
La orgía continuó tremenda hasta la media noche.
Entonces el caballo relinchó. "-Es
preciso que me marche ahora." -exclamó el sabio.
Empero, los del convite, desbordantes de risa y de
contento, le retuvieron suplicantes y de inmediato no pudo marcharse.
Por segunda vez, y luego por una tercera, relinchó
espantosamente el caballo. El Doctor Juan Fausto en modo alguno debía
desobedecer; se despidió, pues, de sus amigos, hizo que le trajesen su brioso
corcel, lo montó con presteza y luego subió por la calle del Castillo.
Cuentan por ahí, dice la leyenda de los siglos, que
cuando hubo pasado tres o cuatro casas, el caballo se lanzó por los aires y se
perdió de vista el Caballero sobre su diabólica montura.
Indubitablemente, el Doctor Juan Fausto, encantador y
mago, estuvo de vuelta en Praga antes de que amaneciera.
El Doctor Fausto, al decir de la crónica de Erfurt,
dejó ciertamente un vivo recuerdo. Todavía existe la famosa casa "El
Ancora", así como un callejón que lleva el nombre del mencionado sabio.