CAPITULO III
LEVITACIONES MÍSTICAS
Indubitablemente, es la cuarta coordenada el mismo
hiper-espacio de la Hiper-geometría mediante el cual es posible realizar actos
sobrenaturales, como son: La desaparición o aparición de un cuerpo en el
espacio tridimensional de Euclides o la salida de un objeto cualquiera del
interior de una caja herméticamente cerrada.
Ostensiblemente, se ha demostrado que cuando un
electrón y un positrón se aniquilan para liberar energía, dos granos de luz
aparecen o, más exactamente, dos rayos gamma.
Las experiencias que han verificado el crudo realismo
de este fenómeno, Secuencialmente vienen a demostrar la existencia de la cuarta
dimensión.
Incuestionablemente, los variados fenómenos de
levitación auténtica fueron siempre posibles mediante el agente extraordinario
de la cuarta vertical.
No está de más afirmar, en forma enfática y sin mucha
prosopopeya, que la levitación mística es una elevación inusitada del cuerpo
físico por encima del suelo.
Como quiera que muchas gentes no saben ni el abecé de
esta cuestión, conviene citar a variados anacoretas que ante diversos públicos
levitaron.
Empecemos con San Esteban, Rey de Hungría, ínclito
señor medieval, muerto en el 1038, quien flotara en el aire una noche cuando
oraba en su tienda.
Continuemos con San Dunstan, arzobispo de Canterbury,
perínclito varón de Dios, quien precisamente el día de la Ascensión, 17 de mayo
del 988, se elevara milagrosamente hasta la majestuosa bóveda de la catedral.
Siguen en orden sucesivo varios esclarecidos cenobitas
e insignes damas de reconocida santidad, veamos:
San Ladislao de Hungría (1041-1095), renombrado
anacoreta, quien en histórica noche flotara sobre el suelo mientras oraba en el
famoso monasterio de Warasdin.
Santa Cristina (1150-1224), la admirable. Ilustre mística,
que habiendo sido ya dada por muerta, se elevara deliciosamente hasta la bóveda
de la iglesia en pleno servicio fúnebre.
Santa Isabel de Hungría, insigne matrona; San Edmundo;
Santa Ludgarda, afamada religiosa; el bienaventurado Guilles de Santarem; la
misteriosa Margarita de Hungría; la espiritual Santa Dulcelina; el preclaro
Santo Tomás de Aquino, famoso Señor de Sabiduría; Santa Agnés de Bohemia y
muchos otros, que sumergidos dentro de la cuarta dimensión, flotaban durante el
éxtasis.
Elevaciones extraordinarias, mágicos vuelos, salidas
rápidas en vertical, suspensiones, ascensiones, pasadas, transportes, circuitos
aéreos a gran altura, éxtasis, júbilo y arrobamiento.
Dice la leyenda de los siglos, y esto lo saben los
Divinos y los humanos, que cuando nuestro Hermano Francisco de Asís (1186-1226)
llegó al ocaso de su vida, se multiplicaron sus éxtasis en el Monte averno.
Su bienamado discípulo, el Hermano León, quien dichoso
le llevaba alimentos, le encontraba siempre en estado de arrobamiento fuera de
su gruta, a buena altura flotando sobre la perfumada tierra. A veces llegaba
hasta las hayas, desaparecía de la vista, se iba por entre la cuarta
coordenada.
Y prosiguiendo con esta temática místico-científica,
no está de más citar también a Santa Catalina de Ricci (1522-1589), la muy
célebre estigmatizada Priora de Prato, quien cuando en éxtasis entraba,
suspendida quedaba en el medio ambiente circundante.
Muchos otros penitentes, cenobitas, como San Francisco
de Paula, San Francisco de Alcántara, Santo Tomás de Villanova, San Francisco
Javier, etc., se desprendían del suelo en sus éxtasis y se mantenían en el aire
ante el asombro extraordinario de la conciencia pública.
Casos famosos y extraordinarios por lo insólitos e
inusitados, fueron, ostensiblemente, los de esa mística llamada Teresa de Ávila
(1515-1582), descritos por ella misma con lujo de detalles, explicando
dialécticamente cómo el mágico poder inefable la absorbía dentro de la
dimensión desconocida mientras oraba; entonces flotaba ante las asombradas
religiosas.
Cualquier día de esos tantos, no importa cual, aquella
Santa estaba tan alta sobre el piso que no pudieron darle la hostia.
La doble levitación de Santa Teresa de Ávila y de San
Juan de la Cruz en el Carmelo de Ávila, causó estupefacción, asombro general...
Entonces pudo verse en el espacio a estos dos místicos en estado de éxtasis.
Aquel monje azul otrora conocido con el nombre de José
de Cuppertino, dicen que se elevó por los aires setenta veces. Este hecho
mágico sucedió allá por el año 1650, motivo por el cual fue canonizado.
Cada vez que el mencionado eremita de dulce faz se
desprendía de la dura tierra, profería un clamor. Interrogado por el cardenal
de Lauria sobre este extraño y misterioso grito en el instante preciso del
vuelo, el Santo respondió esotéricamente: "La pólvora, cuando se inflama
en el arcabuz, estalla con gran ruido, así también el corazón, abrasado por el
divino amor. ¡Amén!"
Escudriñando viejos manuscritos con tesón de clérigo
en la celda, hemos hallado de la tierra sagrada de los Vedas lo siguiente:
"Aquél que meditare en el centro del corazón,
logrará control sobre el Tatwa Vayú (principio etérico del aire). Alcanzará
también los siddhis, poderes de los Santos, Bhushari, Kechari, Kaya, etc.
(flotar en el aire, meter su espíritu dentro del cuerpo de otra persona, etc.)
Alcanzará el Amor Cósmico y todas las cualidades Táttwicas divinas."
El desarrollo sustancial del corazón tranquilo es
impostergable e inaplazable cuando se trata de aprender la Ciencia de los
Jinas, la Doctrina de la levitación.
Incongruente, inconexo con el TERSIUM ORGANUM o Tercer
Canon del pensamiento, sería el intentar la idoneidad Jinas sin haber educido y
vigorizado previamente los místicos poderes de los Santos en el corazón
tranquilo...
Nunca quisiéramos interdecir o vedar las esotéricas
prácticas de mágica levitación. Trabucar, aguar, en modo alguno es nuestra
intención, sólo proponemos el "SACRIFICIUS INTELECTUS" (sacrificio
del intelecto) si es que anhelamos de verdad el armonioso desarrollo de los
Fuegos del corazón.
La mente teorética y especulativa se expansiona,
extiende y desenvuelve, a expensas de las sutiles energías del corazón y esto
es muy lamentable.
La cerebración intelectiva, mecanicista, succiona,
vampirisa sin misericordia alguna los poderes vitales del corazón.
A través de muchos años de constante observación,
estudio y experiencia, pudimos verificar plenamente que el sujeto
seudo-Esoterista o seudo-ocultista, auto encerrado dentro de su mundillo,
geldre o sauquillo razonativo, intelectivo, en el terreno levitacional práctico
resultaba de hecho un verdadero fracaso.
No está de más imitar a José de Cuppertino en sus
oraciones y sus éxtasis a fin de que el corazón, abrasado por el Divino Amor,
se desarrolle armoniosamente capacitándonos para penetrar conscientemente con
el cuerpo físico dentro de la cuarta vertical, más allá del espacio
tridimensional de Euclides.
Incuestionablemente, aquellos sesenta ancianos aztecas
que en el cerro de Coatepec hicieran sus operaciones y círculos mágicos para
sumirse luego en la cuarta coordenada, habían desenvuelto, cada uno, por
anticipado, los fuegos maravillosos del corazón.
Telendo, insólito, inusitado, resulta el relato de
aquél viaje misterioso por la dimensión desconocida.
Indubitablemente, en el Universo paralelo de la cuarta
dimensión cualquier metamorfosis es posible.
El LUCIFER NÁHUATL, forzado por aquellos conjuros,
transformó a los sesenta de Montezuma en aves, bestias feroces, leones, tigres,
adives y gatos espantosos.
No es, pues, mera jactancia, embullo o broma libresca,
el relato consignado por Fray Diego Durán en su notabilísimo trabajo titulado
"Historia de México".
Si enfrentamos a campo traviesa la Historia de los
Jinas, hallaremos en el Tibet oriental a Milarepa, venerabilísimo y
Xorable Maestro, ínclito tahar, que como cualquiera de los sesenta ancianos de
Montezuma, sabía levitar en la cuarta dimensión.
Perfecto Adepto de mágicas facultades, tuvo la gracia
de atravesar y visitar innumerables paraísos sagrados y cielos de los Budhas de
compasión, donde, por la virtud de sus omni-absorbentes actos y extraordinaria
devoción, los Dioses que rigen esos dichosos lugares le favorecieron
permitiéndole expresarse acerca del Dharma.
Jesús, el gran Kabir, sumergido con el cuerpo físico
dentro de la cuarta vertical, caminó sobre las aguas del mar y esto lo saben
los Divinos y los humanos.